lunes, 16 de enero de 2017

Un largo viaje hacia el incesto

Hola amig@s, como podéis suponer, yo soy Adela, y empiezo este blog para hacer partícipe a todo aquél que decida leerme de todos mis viajes alrededor del mundo, y de las experiencias que he vivido en cada uno de los países que he visitado. No será una guía de viajes, ni mucho menos, sino más bien como uno de esos libros de bitácoras que llevan los marinos, para apuntar datos técnicos pero también impresiones, que es lo que en resumen constituye un viaje.


Tengo 32 años, y soy de Madrid, pero hace muchos años que ya no vivo allí. Y antes de nada, quería contaros por qué un buen día decidí marcharme de casa y no volver a pisar la ciudad en la que había nacido y había pasado tantos años felices; una razón muy fuerte y que cambió mi vida para siempre: el incesto con mi madre.
Mis padres se separaron cuando yo era muy pequeña, y mi custodia fue concedida a mi madre, dejando a mi padre el régimen de visitas establecido, como era de esperarse. Él había dejado a su mujer por otra, y el que las cosas se arreglaran así le vino bastante bien para seguir haciendo su vida; no es que pueda decir que haya sido un mal padre, ni especialmente desentendido de mis problemas, pero está claro que este arreglo le permitió hacer su vida con mucha más facilidad.
Mi madre se quedó bastante chafada, la verdad, y conforme corrían los años de mi adolescencia y juventud, vi que se iba apagando poco a poco como mujer. No entendía por qué no salía con amigas, ni por qué no se decidía a volver a encontrar un hombre del que enamorarse, o aunque fuera para echar un polvo de esos de si te he visto no me acuerdo. Poco imaginaba que su vida también estaba marcada por el incesto.


Lo descubrí un día en que hacía un trabajo para la facultad, en el que tenía que seguir a mis ancestros durante unas cuantas generaciones atrás; me quedé sorprendida por el gran parecido que mi madre tenía con la suya, y ambas con su padre, mi bisabuelo materno. Al comentárselo a ella, de repente se echó a llorar como una descosida, y en un arranque de sinceridad, dijo que tenía que contarme cosas muy graves sobre mi familia, empezando por el sexo prohibido de un abuelo con su nieta.
Yo no entendía nada, y cuando me contó que durante años su abuelo había estado teniendo relaciones sexuales con ella, no me lo podía creer. ¿Cómo era eso? Resulta que durante la guerra mi abuela quedó viuda, y volvió a la casa familiar con mi abuela, que aún una niña. Y unos años después, el viejo empezó a visitar su cuarto, y tuvo que soportar sus manoseos, aunque por lo visto nunca llegó a haber penetración.
Pero no era eso lo peor, sino que cuando al fin su madre se enteró y montó un escándalo de narices, se supo que ella misma había tenido que soportar los abusos del padre, y que aunque tampoco llegó a penetrarla, sí que la introdujo en un perverso juego; y es que el viejo era dado a las perversiones morbosas, y como le ponía muy cachondo imaginar a dos hermanos follando, obligó a mi madre y a mi tío a tener relaciones sexuales completas, de los que la consecuencia acabó siendo mi madre.
Yo alucinaba en colores, no me lo podía creer. Recordaba a mi bisabuelo como un anciano de pelo blanco, de estos típicos de pueblo con bastón y boina, amable y cariñoso cuando me veía. Entonces supe que quizá demasiado cariñoso, y comprendí por qué cuando en mi familia se descubrió a dos de mis primos follando juntos, no pareció acabarse el mundo, ni mi madre se extrañó demasiado tampoco. ¿Acaso la mano del bisabuelo era más larga de lo que nos pensábamos?
Como veis, en mi familia estamos bastante relacionados con eso de tener sexo con otros familiares directos. Y lo que me pasó con mi madre lo sabréis más adelante, si es que os apetece seguir leyendo mis posts.

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